
Decía Fernando Mieles, en una ocasión, que en Guayaquil un@ siempre tiene la sensación de que todo está siempre empezando. Como si en materia artística o cultural las cosas nunca acabaran de arrancar. Hoy día, además de la película de Fernando, y de muchas otras iniciativas que están en desarrollo, celebramos la llegada de la decimocuarta edición de este festival desde el contexto de una generación donde las cosas se han movido y se están moviendo.
Puede parecer paradójico que este festival se consolide a partir del momento de la crisis de Sarao, grupo o espacio al que siempre había estado vinculado. Pero en el arte “crisis” es a la vez sinónimo de y condición para que se produzca esa vitalidad e intensidad escénica, aun cuando no lo tengan tan claro, tan demandadas por nuestras espectadoras y espectadores.
Zona Escena, dirigida por Jorge Parra, y gestionada en gran medida a partir de su propio Laboratorio de Danza, encontró un espacio de colaboración, auto conocimiento y posibilidad de indagar en los límites de su propia transgresión en el ITAE. La relación de los festivales con los procesos creativos y experimentales de la escuela se ha ido labrando en un devenir casi natural, pues nuestr@s estudiantes son l@s más comprometid@s espectador@s de estos encuentros.
Esta es una parte importante sobre todo porque el festival espera y anhela poder irradiarse y relacionarse con otros espacios que asuman seriamente la investigación y la crisis permanente que el arte escénico es. Se trata de una peculiar contribución a que nuestra escena viva, delire, piense, divierta, cuestione y lata. Que dé mucha lata.
Estamos entonces frente a un paso más en una historia de maduración de un evento que, junto a la presentación de algunas grandes obras, pretende sobre todo dejarnos algunas grandes preguntas. Muchas gracias por eso.
Santiago Roldós
Co director del Muégano Teatro y del Laboratorio de Teatro del ITAE